A veces miro hacia atrás y me doy cuenta de que he escrito cada cosa... jajajaja, así que aquí les dejo un reportaje que publique hace un tiempo en la revista "Punto Final" y que habla del lenguaje de los delincuentes: el coa. Y todos y cada uno de ustedes mis queridísimos y cultos lectores, verán que día a día le "roban" las palabras a un creativo delincuente. Aunque sea UNA COSA QUE NO SE PUEDE CREER ¡¡¡
Por Jimbo Quintana

"Dequirusa loco, que viene la zapatilla entera cargá de tombos". Es posible que usted al leer esta frase querido y culto lector, poco y nada entienda, pero para un delincuente común y corriente, y uno que es bio, está clarito: "cuidado compañero que viene el furgón de carabineros completamente cargado de policías". Pero tal vez a usted se le hagan más familiares palabras como "condorearse", cometer un error; "no estar ni ahí", ser indiferente; "mina", mujer de atributos agradables; o flaite, delincuente de poca monta, o persona atorrante u ordinaria.
El común denominador de la primera frase y de las demás palabras, es que todas pertenecen al Coa, el lenguaje del delito, el santo y seña de los delincuentes. Se trata de una jerga, una extensión de la lengua madre, -en este caso el español de Chile-, que vive en ella como un parásito y que es creada por grupos o agrupaciones de personas que tienen hábitos y propósitos comunes y que hacen una vida más o menos común. Estas agrupaciones tienden en forma natural a crear un argot o jerga que los distinga del resto y que simultáneamente vincule a sus miembros aislándolos y protegiéndolos del resto de la sociedad. Por lo tanto, la jerga es un lenguaje técnico profesional, usado por los miembros de un grupo ya sean médicos, abogados, militares o como en el caso del Coa, los delincuentes. ¿Cachai o no loco?
Esta jerga es tan antigua como la delincuencia misma. El origen de la palabra Coa, viene del término de los gitanos españoles "coba" cuyo significado es embuste o adulación, y que tendría su origen en el Caló, jerga que los gitanos utilizaban en España, aunque otros dicen que viene de la Germanía, antigua jerga delictual española que data del siglo XV, y sería una deformación de "boca". Como sea, los chilenos transformaron la palabra coba que llegó a ser "Coa", cuya definición contemporánea podría ser "el lenguaje que intenta ser creíble".
Debido a las características de su origen, el Coa normalmente se basa en las imágenes, sentimientos y vivencias de la mente criminal, ya sea que éste se encuentre gozando de libertad, purgando condena en una cárcel, o en una esquina urdiendo el siguiente golpe. En todas estas situaciones los objetos y sensaciones que se tienen presentes con mayor frecuencia son de carácter criminal o carcelario, de ahí que el Coa encuentre su inspiración en múltiples designaciones al dinero, el robar, el matar o pelear, la vida en prisión, las armas, el comer, el beber y el drogarse. Sorprende también la cantidad de expresiones o palabras que hacen alusión al sexo y los órganos sexuales femeninos. Esto explicable por la situación de abstinencia sexual prolongada a que someten quienes deben pasar por la pena de cárcel, o sea, los locos andan con el terrible Kino acumulao.
HAY QUE HACERLA CORTA O AL VESRE
Y lo anterior sucede en todas las jergas delictivas del mundo: el Caliche en México, la Giria en Brasil, la Replana en Perú, el Lunfardo en Argentina, el Argot en Francia y el Slang en EE.UU., por nombrar sólo algunos. Según el profesor de gramática española y de lingüística de la Universidad de Chile, miembro de la Real Academia Española (RAE) y de la Academia Chilena de la Lengua, Ambrosio Rabanales, todas estas jergas delictivas se llaman criminolalias, "y por lo menos en Hispanoamérica, la mayoría de las criminolalias tienen su origen en España, al igual que nuestra lengua, pero naturalmente luego son enriquecidas o aumentadas por otras influencias que dependen de cada región".
Además, el profesor explica que toda manera de hablar depende de las personas, considerando sus aspectos culturales, psíquicos y hasta físicos, por lo tanto, toda lengua traduce una manera de ser y de sentir, "y obviamente si uno quiere conocer a los delincuentes, una manera es estudiar su jerga, por eso los policías, gendarmes y hasta psicólogos deben manejar el Coa" (obvio que nosotros los periodistas también). Para Rabanales, en su calidad de lingüista, el Coa no es ni bueno ni malo, sino que es una jerga que cumple con sus objetivos para sus usuarios -los delincuentes-, y como tal es un objeto de estudio, "que en general presenta los mismos fenómenos que el habla culta, como que se acorten algunas palabras, otras se alargan (las palabras), suavizan su significado o lo cambian totalmente, o agregan más significados al que ya tenía".
De todas formas, en lo personal Rabanales no considera el Coa como una jerga muy creativa, porque se alimenta básicamente de la lengua local, en este caso el español de Chile. El profesor tampoco considera que esta jerga enriquezca el lenguaje, "porque para casi todos los términos del Coa, existe un equivalente culto en español". Donde Rabanales considera que puede haber un aporte, es que algunas palabras del Coa son muy sintéticas, "enriquecen en el sentido que por ejemplo la palabra ‘cafiche' es mucho más corta que decir explotador de mujeres, y ‘mina' es más corta que decir mujer objeto de explotación". Otra técnica novedosa y muy generalizada en esta jerga es lo que los delincuentes llaman "hablar al vesre", donde quizás el ejemplo más masificado es la frase "broca cochi" (cabro chico), "el vesrrismo consiste en invertir o modificar el orden de las sílabas de una palabra con el objetivo de que el otro no entienda", explica el profesor.

TODOS HABLAMOS COA
Pero más allá de si el Coa aporta o no al lenguaje, es un hecho que a menudo pronunciamos palabras que jamás se encontrarían en el diccionario de la RAE, pero que entendemos perfectamente como luca, que quiere decir un billete de mil pesos; copete, que significa cualquier tipo de bebida alcohólica o cuico, que alude a una persona de apariencia acomodada y modales afectados. Lo que no sabemos es que estos términos nacieron gracias a la creatividad de algún delincuente nacional, luego por algún motivo gustaron a los usuarios y terminaron masificándose hasta ser comprendidos por cualquier chileno común y corriente. Si los locos son terrile artistas poh.
El profesor Rabanales tiene algunas hipótesis para esta masificación, por ejemplo, el que en las poblaciones marginales hay mucho contacto entre los jóvenes y los delincuentes, "entonces el Coa tiene influencia de la jerga de los jóvenes, y la jerga de los jóvenes tiene influencia en el Coa, y así se van retroalimentando de palabras que de acuerdo a su uso se pueden hacer masivas". Otro punto que agrega el profesor es que a su juicio, también hay muchos jóvenes drogadictos y que la drogadicción esta íntimamente ligada con la delincuencia y por ende su lenguaje.
Para argumentar lo anterior, Rabanales explica una curiosidad. Sucede que el nombre científico de la marihuana, cánabbis sativa, significa cáñamo sembrable, y es pariente de otro cáñamo mucho más alucinógeno que es el cánabbis indiga, o cáñamo de la india, conocido comúnmente como hachís. Y la palabra hachís dio origen a "ashachino", luego derivó a "aschechino" y después a "asesino", "de allí deriva la palabra española asesino porque esta gente, lo mismo que los drogadictos nuestros, por efecto del hachis cometían muchos crímenes", aclara el profesor.
Otra fuente de divulgación de la lengua, son los medios de comunicación, cuyos escritores, locutores y animadores son los modelos que tienen sobre el habla, las personas comunes y corrientes, argumenta Rabanales, "sucede que si un señor en la televisión dice por ejemplo ‘mina', luego todo el mundo empieza a repetir esa palabra, porque para la gente de poca cultura, si algo sale en la televisión esta bien y es importante" (obvio poh), lo que para el académico es un pésimo argumento, ya que en general considera que los ejemplos que entregan los medios de comunicación dejan mucho que desear, "salvo honrosas excepciones, son unos ignorantes, pronuncian de cualquier manera cualquier nombre y en general tienen muy mala formación".
En todo caso, Rabanales en su calidad de miembro de la RAE y de la Academia Chilena de la Lengua, señala que para las 20 Academias de los distintos países hispanoamericanos que forman la Asociación de Academias de la Lengua Española, la posición frente a las distintas jergas como el Coa es muy práctica, "en la medida que una palabra ya sea del Coa u otra jerga se use mucho, puede terminar incorporándose en el diccionario de la RAE. Y la RAE, no señala si son palabras correctas o incorrectas, a lo más da un juicio de valor, como por ejemplo vulgar". Y aunque el profesor no recuerde específicamente algún término, señala que "estoy seguro que existe más de alguna palabra que se origino en el Coa y que finalmente fue aceptada en el diccionario de la RAE ".
COA: HERENCIA DE LA DICTADURA
Para Ricardo Candia, Asesor de la Presidencia del Colegio de Profesores de Chile y autor de los diccionarios "El Coa, o el arte del chamullo y la movida" (1998) y "El Coa y el lenguaje de la calle" (2006), esta jerga esta llena de riqueza y creatividad. Su primer diccionario es exclusivamente del Coa y reúne alrededor de 3 mil voces. En el segundo hay una mezcla de términos del Coa, de la jerga juvenil y el lenguaje de la calle, esto según el autor porque hace 30 años atrás el Coa era una jerga estricta y excluyentemente de los delincuentes, "pero actualmente esta invadiendo a otras jergas como la juvenil, por lo tanto se hace muy difícil diferenciar entre lo que es realmente Coa y lo que no".
Lo anterior, explica Candia, se debe a que el lenguaje esta constantemente cambiando y en el caso particular del Coa, en la medida que se va masificando va adquiriendo distintos sentidos, y en muchos casos va suavizando sus significados, ya que ya no los está usando el propietario original que son los delincuentes, sino que cualquier persona, "entonces ahora uno puede escuchar a cualquier funcionario decir públicamente: en esta repartición nos piteamos un condoro. Pero eso, antes que fuera masivo, era un término muy duro, condorearse en la cárcel era algo muy grave, se corría un peligro serio, incluso de su propia vida".
Y Candia sabe lo que dice por experiencia en terreno, ya que en 1986 estuvo preso durante 3 meses, cuando era Secretario de las Juventudes Comunistas de Temuco. Irónicamente cayó en las manos de la CNI, como se dice en el Coa, "porque iba pasando", "estábamos en estado de sitio porque había ocurrido el atentado a Pinochet, y yo vine a Santiago arrancando de Temuco porque habían caído unos compañeros". Entonces Candia fue a un taller donde se imprimían revistas como "El Siglo y el "Rodriguista". Al rato, golpearon la puerta, fueron encañonados y junto a otros compañeros fue detenido por la CNI por una supuesta tenencia de explosivos. Entonces vino la tortura y la cárcel.
Pero a pesar de todo, para Candia fue un presidio fecundo. Al llegar a la cárcel un grupo de presos políticos le enseñaron lo que primero tenía que aprender al estar entre rejas: El Coa. Luego se fue haciendo amigo de los presos comunes; estafadores, lanzas y ladrones de todo tipo. La amistad se profundizo con un asaltante respetado y de mucha experiencia, "era un choro bakán, de pistola en mano, y se juntaba con puros choros parados y vivos, como él". Éste choro invitaba todas las tardes a Candia a compartir un tecito junto a los demás choros, entonces se fue adentrando en el Coa, "encontré super interesante como hablaban, así que les preguntaba los significados de las palabras y mientras ellos me explicaban, yo las anotaba". Hasta que un momento Candia se dio cuenta que había reunido alrededor de 4 mil términos que se transformaron en la base para su primer diccionario.
Candia plantea que como él, fueron muchos los chilenos que tuvieron que pasar por la cárcel y aprender esta jerga, lo cual a la larga fue un factor importante para su masificación, "durante los 17 años de dictadura, alrededor de 300 mil personas que no eran delincuentes tuvieron que pasar por la cárcel: políticos, artistas, intelectuales, gente de todo tipo que al obtener la libertad, empezaron a diseminar esta jerga en el resto de la sociedad". Otro punto que destaca el autor es lo que llama "el intelectual de la delincuencia", aquel que crea nuevos términos y que cuando uno se masifica y ya no les sirve para esconder sus acciones, crea un sinónimo, "me sorprendió lo brillante que puede llegar a ser un delincuente que es estigmatizado por la población normal, pero son personas con una gran capacidad creativa para inventar su propio lenguaje".
Sumado a lo anterior, el autor señala que en la práctica, el Coa tiene tres funciones. La primera es que les permite disfrazar sus comunicaciones para cometer los delitos, "porque en plena calle un delincuente no le puede decir a su compañero: robémosle a la señora que va ahí, sino que tiene que decir: timbra a la juata", explica Candia. La segunda función es que entre los propios delincuentes el mejor uso del Coa entrega estatus, es decir, "los más inteligentes, avezados y con experiencia, son los que tienen un mejor uso del Coa". Y la tercera función es que el Coa les da identidad, les permite reconocerse como delincuentes, "si se encuentra un ladrón de Arica con otro de Punta Arenas, al usar el Coa sabrán que se dedican a lo mismo".
El problema para los delincuentes, explica Candia, es que cuando un término del Coa se hace muy masivo, deja de cumplir las funciones para la cual fue creado y ese es otro de los motivos por los cuales el mundo del hampa esta creando constantemente nuevas palabras, , "el Coa es un lenguaje muy fructífero, que crea más palabras que la tecnología, la matemática o la filosofía", destaca el autor y agrega que tras cada una de estas palabras, existe un sutil y sarcástico esfuerzo mental por crear una expresión diferente e indescifrable que valga la pena las horas de encierro, y tal como señala Candia "estas palabras, tan mal vistas por muchos, son quizás lo más chileno que de verdad nos vaya quedando en estos tiempos confusos y globales".
!!! SOCITO NO HABLE HUEAS ¡¡¡
Como señala el autor de los diccionarios del Coa, Ricardo Candia, son muchos los términos de esta jerga delictual que han pasado a ser de "uso público". Pero lo que realmente es difícil de precisar es cómo se originaron esos términos y cuál era su significado original. De esta forma, lo más seguro es que ninguna mujer se sienta ofendida si la llaman "mina", a pesar de que originalmente este término designaba a una prostituta. Candia explica que está palabra surge entre los delincuentes de la España del siglo XVI, y que su significado se relacionaba a las minas de donde se extraía dinero, como por ejemplo una mina de oro, cuyo símil para los maleantes era una mujer, "es decir, una prostituta que era explotada para que le rindiera dinero al cafiche".

Y aunque la mayoría de las personas le atribuyan la célebre frase "no estar ni ahí", al ex tenista Marcelo "Chino" Ríos, están en un error. Y pese a que actualmente dicha frase sea sinónimo de indiferencia, originalmente tenía un sentido mucho más funcional, pues según explica Candia, cuando un delincuente era llevado a tribunales y era interrogado por el juez o su víctima por el delito que había cometido, éste señalaba que era imposible que fuera él, porque simplemente "no estaba ni ahí", es decir, no podía haber sido él porque ni siquiera se encontraba en el lugar de los hechos. "El negar los delitos, es una conducta típica de los delincuentes, porque así, ellos saben que sólo hay presunción de culpabilidad y por lo tanto es más difícil que los condenen", explica Candia.
Otra palabra que también ha ido cambiando su significado original es el término "flaite", que actualmente designa a un delincuente de poca monta, o a una persona agresiva, atorrante u ordinaria, pero que en sus comienzos en el Lunfardo argentino de mediados de la década de los 40` denominaba a un delincuente de alto nivel. Lo anterior porque en aquella época para viajar a Europa habían dos medios, el primero era en barco, que demoraba varios días y no ofrecía muchas comodidades, el segundo medio era el avión, mucho más rápido y cómodo y por ende más caro, entonces, explica Candia "los delincuentes de más dinero y poder, podían volar, o en inglés to fly, y con la aplicación del vesrrismo quedó en ´flaite´. Pero con el tiempo ha pasado a tener un significado casi completamente distinto, debido a que el lenguaje siempre está cambiando".
Pero hay una palabra del Coa de la cual Candia asegura haber sido testigo de su creación: "condoro", cuyo significado para cualquier chileno es cometer un error grave. Candia indica que recuerda perfectamente que cuando estaba en la cárcel, una de las pocas revistas que ingresaban al penal era condorito, "entonces en un momento el reo tomaba la revista, se la ponía bajo el brazo y mientras se dirigía al baño decía: voy a ir a pitearme este condorito", en otras palabras, mientras defecaba, el reo se "pitearía" o leería la condorito, entonces, explica Candia "quedo como sinónimo condorito con cagar, y cagarla siempre ha significado echar a perder algo o cometer un error". El autor destaca que el reo que se le ocurrió esa asociación es "el intelectual de de la delincuencia", y agrega que como el Coa siempre busca sintetizar su lenguaje, al poco tiempo ya no era "pitearse un condoro" sino que simplemente "condorearse", "paso a ser un verbo y yo creo que como se ha vuelto tan masivo en un par de años va estar en el diccionario de la Real Academia Española".





La Pulenta
Muy ilustrativo, y hasta educativo, es como calificaría tu post. Nos guste o no, todos hablamos algo de coa; no puedo estar más de acuerdo con esa afirmación y es parte de la cultura urbana de la sociedad del Chilito que habitamos...el más puro de los contenidos locales.
Bien escrito.
Pilar